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Notas

  • Atlético cayó ante Palmeiras y fue eliminado de la Libertadores. Seguirá compitiendo en la Sudamericana.

Comenzó como una canción que parecía no tener mucho sentido, pero de a poco la idea fue cobrando fuerza. "Y hasta la Libertadores no vamos a parar" gritaba la hinchada, aunque el equipo todavía jugaba Nacional B.

Pero llegó el ascenso, tras un extensísimo torneo de 42 fechas viajando por todos los rincones del país. Después, un torneo de ensueño en Primera que nos hizo creer que era posible, y un mazazo en Rosario que parecía que nos dejaba sin nada.

“A Atlético le dicen Mariano Martínez, porque se quedó sin Lali, sin Lalibertadores” era un chiste que se había popularizado por ese entonces. Era doloroso, porque se mofaban de nuestra ilusión, pero al mismo tiempo era ingenioso, creativo y, sobre todo, lejano al insulto vacío y agresivo, algo tan común en un ambiente como el fútbol.

Pero después Conmebol decidió hacer algunos cambios, amplió los cupos de equipos participantes, y aquellos que habían quedado en la puerta fueron invitados a pasar. En el medio aparecieron los intereses de los poderosos y sus ganas de interpretar el reglamento a su antojo, con un lobby instalado por un sector de la prensa porteña. No pudieron con el Gigante del Norte. Los dirigentes jugaron el partido que tenían que jugar, y lo ganaron.

Y entonces aquella vieja canción volvió a sonar con fuerza, y el chiste se les dio vuelta a los primos. La palabra “Lali” se convirtió en su tortura, y los días se hicieron eternos hasta conocer el nombre del primer rival en el sorteo de Asunción.

El bolillero nos puso frente a frente con El Nacional de Quito, en una serie que quedará para la historia del fútbol. El país hizo fuerza por nosotros, y no le fallamos. Siguió Junior, multicampeón colombiano y de vasta trayectoria en competencias internacionales. El José Fierro volvió a ser fortaleza y los abrazos con lágrimas de alegría fueron miles en aquella tarde.



Cómo nada puede ser fácil, el grupo al que accedimos estaba conformado por dos de los clubes más importantes del continente, y ambos campeones del mundo. También el bravísimo Jorge Wilstermann, que construyó de su localía su arma clave para meterse en la otra ronda. En los primeros cinco partidos, Atlético comenzó ganando. Solamente en dos pudo cerrar el triunfo. En otros dos se lo dieron vuelta, y el restante terminó en empate. Así, todo se definía en Sao Paulo, con el gigantesco Palmeiras.

Y fue derrota, sin atenunates, merecida. Faltó suerte, dirán algunos, y es verdad, porque “algunas veces las pelota pega en el palo y entra, y otras pega y sale”, como dijo Lavallén, “pero es fútbol, es así”, como agregó el propio DT.

En nuestros corazones se mezclan la tristeza con el orgullo y la alegría. Hemos vivido un sueño que hoy ha llegado a su final, y hemos dejado los cimientos construidos para volver a soñar. Mientras, nos hemos ganado un premio que otros no pueden ni imaginar: vamos a ser el primer club del Norte argentino en jugar la Copa Sudamericana. Salud, por todo lo vivido, y por aquello que aún nos queda por vivir. Nos vemos en Lasu.