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Notas

Fue un partido largo, extenso, atípico. Noventa minutos reglamentarios, siete de adición del árbitro, y más de un año de espera para un momento glorioso.

Atlético se desquitó de Huracán de una manera especial. El mismo rival que lo dejó sin ascenso en Mendoza a fines de 2014, se retiró con las manos vacías del José Fierro en un final para el infarto.

Lo ganaba bien el Decano, porque fue más profundo en el primer tiempo y el Pulga Rodríguez demostró que sigue vigente. Lo empató bien el Globo, porque fue al frente en el complemento y aprovechó que su rival no lo liquidó cuando pudo. Montenegro remató mordido y Mariano González definió con categoría.

Pero había algo más. El destino tenía preparado algo especial para un grupo de jugadores que nunca se resignó al empate, y a una hinchada que soñaba con tocar el cielo con las manos.

Ariel Penel, juez del encuentro, decidió adicionar siete minutos (el juego había estado parado por una agresión a Marcos Díaz) y cuando solo faltaban dos, al igual que contra Aldosivi, Menéndez se puso el traje de héroe. Entró con pelota dominada, desparramó rivales y asistió con maestría, caño incluido, para que Rodrigo Aliendro defina solo frente al arquero y desate la locura.

El triunfo le permite al equipo ser provisoriamente puntero, pero más importante aún, le deja un pie y medio en Primera para la próxima temporada. Fue una noche de gloria, con una revancha perfecta.