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Notas

  • De octubre 2016 a septiembre 2017, Atlético vivió momentos increíbles.

El rigor periodístico obliga a comenzar el artículo informando que Independiente derrotó a Atlético por 2 a 0, en la revancha de los octavos de final de la Sudamericana, y así avanzó a la siguiente fase.

El partido fue infartante, aunque eso no signifique que se haya visto fútbol de alto vuelo. Se jugó con dientes apretados, con altos grados de tensión, y no faltó ningún condimento.

El Rojo es un justo ganador de la revancha, y su clasificación es inobjetable, pero eso no empaña ni un poquito el año soñado que vivió el Decano.

Desde octubre de 2016, cuando Conmebol anunció la ampliación de los cupos argentinos para la Copa Libertadores, hasta septiembre de 2017, cuando terminó su primera participación internacional a un gol de meterse entre los ocho mejores de la Sudamericana.

La travesía incluye capítulos increíbles. Pelear porque se respete el reglamento, vivir un enero atípico, ver a nuestro Monumental albergando un partido internacional por primera vez, estar al borde del delirio en Quito, multiplicar miles de abrazos con lágrimas la noche de Junior, y luego estar frente a frente a los gigantes del continente.

Peñarol quedó eliminado en el José Fierro, el mismo escenario donde Palmeiras tuvo que pedir la hora y conformarse con un empate. 

Y ahora Independiente, el Rey de Copas, el club más ganador a nivel internacional, desahogando sus penas en esta serie con nosotros, que hace poco más de una década renegábamos de nuestra suerte por no poder salir del Argentino A.

Fue un año de película, pero no cualquier película, sino una que ni el más enfermo de los nuestros se hubiera animado a escribir.

El pitazo final nos encuentra con tristeza, y a la vez con orgullo. El nombre de nuestra provincia ha resonado en el mundo de la mano de nuestras aventuras, y eso nos infla el pecho. Ahora, es momento de bajar pulsaciones y seguir haciendo, pasito a pasito, un club cada vez más grande.

Foto: Elias Correa